domingo, 5 de julio de 2015

Zombriz, el muerto viviente (Parte 3)

Despierto en un lugar desconocido. Está oscuro y no conseguía ver nada, supongo que es de noche. Lo último que recuerdo es que un coche estaba a punto de atropellarme y antes de que me alcanzara perdí el conocimiento. Y ahora estoy en este sitio.


De pronto veo una débil luz que se está acercando, permitiéndome ver lo que hay a mi alrededor: a mi izquierda hay como una especie de barrotes que llegan desde el suelo hasta el techo, las paredes, el suelo y toda la habitación parecen estar hechos de piedra, la ventana también tiene barrotes.


¿Estoy en una cárcel? ¿Por qué? ¿Qué es lo que he hecho? A lo mejor hice algo malo cuando perdí el conocimiento. La luz se acerca, oigo pasos. Veo al otro lado de los barrotes a dos personas vestidas con una túnica con una capucha puesta, una de ellas lleva una antorcha.
— Por fin has despertado. ¿Puedes hablar y comunicarte con nosotros? Di algo.
Sé hablar, pero no puedo, estoy demasiado nervioso y asustado, no me salen las palabras. Me acerco a los barrotes para verles más de cerca.
— Dios, mira el color de su cara y su estado. Da miedo— dijo el que sostenía la antorcha, ambos tenían voz de mujer—.
— ¡Calla, idiota! Así lo asustarás más— dijo irritada— No tengas miedo, George, no te vamos a hacer daño.
— ¿U-Ustedes son los que me han...?—por fin conseguí hablar—.
— No, nosotros no te devolvimos la vida, de hecho, esperábamos que nos lo dijeses tú.
— Y-Yo... yo no sé nada, desperté enfrente de mi tumba y he ido vagando por el cementerio y... ahora estoy aquí... ¿Po-podrían explicarme qué está pasando?
— Créeme, que si te contase todo lo que está pasando, George, desearías volver a estar muerto.




<-- Relato anterior (Zombriz, el muerto viviente. Parte 2)

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