jueves, 15 de febrero de 2018

Arteria #1 Zumbidos


Tras más de dos horas de persecución en coche, la policía de Rocket City consiguió acercarse un poco más al coche de los dos ladrones que intentaban escapar por la autopista hacia Industrial City. Habían robado una cantidad importante de monedas de oro que querían usar en beneficio propio. Estos dos hermanos eran Anthony y William Reptile, hermanos que trabajaban en el negocio familiar de... robar monedas de oro.
—¡Madre mía, Willy! Casi lo hemos conseguido, en cuanto lleguemos a Industrial City será fácil despistarles entre las callejuelas. ¡Vamos a ser ricos!
—N-no te desconcentres de la carretera, hermano. ¡Podrían alcanzarnos en cualquier momento!
Las conversaciones de los policías de atrás eran repetir una y otra vez la misma frase: "¡Necesitamos refuerzos!". En un instante, por alguna parte de el desierto que atravesaba la autopista, una nube de polvo se iba acercando a toda velocidad. Alcanzó a los policías como si fuesen caracoles y enseguida se colocó a la par de el coche de los hermanos. Suena en el coche «Mr. Blue Sky».

La policía quiso agradecer a Arteria por ayudar a atrapar a los ladrones, pero ésta ya se había largado del lugar, deslizándose por el omnipresente páramo que mantiene Industrial City separada de todo. Aunque era en mayor parte desierto, Arteria tuvo la suerte de encontrarse con un árbol, en el que descansar y sentarse a mirar un rato el móvil, "Por fin he terminado el trabajo hoy" pensó. Ya anocheciendo, recibió una llamada de su amiga Sonia Simonson, inmediatamente contestó.
  —Hey, Ivy. Hoy vendrás al embarcadero, ¿verdad? Es viernes.
  —No sé, se suponía que esta noche iba a estudiar, si no mi madre me matará. Literalmente quizás.
  —¡JAJAJAJAJAJAJA! ¿tú estudiando un viernes? ¡¿tú estudiando?!
  —Venga, pesada, dime la hora.
Ahora que ya tenía planes, se fue usando sus poderes patinando a toda velocidad a su casa. Ni siquiera un coche la podía alcanzar, por eso no entendía qué era ese sonido que se acercaba cada vez más y más...


"¿Qué coño ha sido eso?" pensó. Cómo una persona corriendo pudo adelantar a Arteria a esa velocidad. Continuó deslizándose a ver si la alcanzaba, y efectivamente la alcanzó, pero fue gracias a que la velocista naranja estaba parada frente una roca, haciendo estiramientos. Arteria derrapó para frenar justo en frente de ella, para interrogarla.
  —Oye... ¿cómo has hecho eso? ¿Te dopas o algo así?—preguntó—. Ibas como súper rápido, ¿son algo así como poderes? En plan, lo que yo hago también son poderes. ¿Por qué no... hablas...?
  —...—se encogió de hombros y con una sonrisa siguió en silencio—.
Arteria no entendía nada. Sospechó que era muda o algo así. Y como se formó un silencio algo incómodo se despidió y se fue a cambiarse para pasar de ser Arteria a Ivy Pryce.


Era viernes, las clases ya habían terminado. Todas las semanas al atardecer la mayoría de jóvenes de Industrial City iban al embarcadero de las afueras, a la orilla del mar. Como estaba abandonado no solían recibir muchas visitas de la policía. Allí iban a hacer botellón, a pasar el rato porque no hay nada que hacer, o un poco de todo. Había grupos de gente que se juntaban para rapear, otros escuchaban música, jugaban  juegos...
Ivy Pryce acababa de llegar al lugar junto su amiga Sonia. Llevaban ya varios meses yendo a ese lugar, por lo que se paraban a menudo la gente se para a saludarlas, pero ellas no se paraban a charlar con ninguno, estaban buscando a sus amigos, que estarán por alguna parte.
  —¿Entonces no te vas a quedar con nosotros?—Preguntó Sonia—.
  —Sólo un rato, luego me iré con Todd, quiero hablar con él. Además cualquiera aguanta a Scott borracho. Que luego toca cogerle en brazos.
  —Ay, deberías preocuparte más por los demás. De todas formas Scott no bebe.
  —¿Que no? El agua del mar le falta.
Finalmente llegaron a unos tablones de madera, dónde se encontraba su grupo de amigos. Estaban todos sentados bebiendo.
 La que ponía la música rara que nadie conocía era Rene, una chica bastante lista que compartía con Ivy el gusto por la música. Siempre hablaban de formar una banda en un futuro.
Gustavo, era uno de los mejores amigos de Scott. No tenía mucho pelo.
El Flechas nunca hablaba, y sus amigos no recuerdan el porqué de ese apodo, porque ni siquieran le gustan las flechas. El Sapo, se puso a sí mismo el mote. Estaba algo rechoncho y es un gran fan de los superhéroes de Central City, y sobretodo de Arteria.
Entre ellos una pequeña cabeza se asomó, era Scott. Scott era un chaval de trece años, más pequeño que Ivy y Sonia. Era bastante extrovertido y algo chulo para una persona de su edad. Se consideraba el líder del grupo aunque no lo fuese. Scott se levantó, tambaleándose y casi derramando el vaso que tenía en la mano para dirigirse a Ivy y Sonia.
  —Hey, chicas, ¿cómo estáis? ¿Queréis un poco?—les ofreció el vaso que llevaba en la mano—.
  —¿Qué lleva?—preguntó Ivy muy desconfiada
  —No lo sé, me lo han dado por ahí.
  —Pues pa ti.
 Sonia sí que le pidió un poco de ese vaso. Los tres se sentaron con el resto del grupo, éste le dio la bienvenida a las recién llegadas.
Sonia se sentó al lado de Scott y Ivy al lado de Rene.
Rene le preguntó a Ivy que dónde estaba su guitarra y ella le contestó que se le había olvidado, aunque la verdad era que no tenía ganas de cargar con ella toda la noche. Scott, Sonia y Gustavo empezaron a criticar y reírse de los profesores que tenían en común en el instituto.
  —El Sr.White de Biología tiene cara de perro—dijo Gustavo riéndose.
El Sapo llevaba un rato callado queriéndole preguntar algo a Ivy aunque no era capaz, ya le había pedido antes a Sonia que lo preguntara por él. A Sonia le gustaba ayudar a la gente, así que no tuvo problemas en ayudar. Sapo le empezó a dar pataditas a Sonia y así acabó recordando.
  —Ah, oye... Ivy. El Sapo quería preguntarte sobre Arteria, ya sabes lo que le gustan a él los superhéroes...
Ivy se empezó a poner un poco tensa
  —¿Sobre Arteria? ¿Quién es esa?—no sabía improvisar muy bien—.
  —¿Cómo que no, loca? Si sale a menudo en las noticias—dijo Scott—.
  —Claro, seguro que la conoces—insistió Sonia—. Además, se sabe Arteria suele trabajar con la policía, y... bueno, tu madre era policía, ¿no? A El Sapo le gustaría conocerla, y a lo mejor tú podrías contactar con ella.
  —¡Ah, sí, bueno! Algo me habrá contado mi madre sobre ella, pero suelo pasar cuando se pone a hablarle de su trabajo, jeje.
En ese instante entre la multitud, Ivy logró vislumbrar a lo lejos entre la multitud a su novio Todd. Inmediatamente se levantó para irse con él y se despidió del grupo.
  —¡Bueno, chavales, me voy con Todd! Que le he visto por ahí. Taluego.
El grupo se despidió y esta se metió entre la gente para buscarle. Cuando lo encontró Todd se sorprendió bastante. Se dieron un besos y abrazos y comenzaron a hablar sobre cómo estaban y qué tal les había ido el día. Ivy obviamente omitió las partes en las que es Arteria, y Todd omitió algunas que otras partes también. Estuvieron paseando un rato por el embarcadero hasta que se sentaron en una zona algo más alejada donde no había nadie para estar a solas.

Excepto sus padres, nadie más sabía que Ivy era Arteria. Llevaba dándole vueltas al asunto largos meses, y esperaba que hoy fuese el día en que le contaría a Todd acerca de su otra identidad y cómo consiguió sus poderes. Todd era su novio, y estaba segura de que podía confiar en que no se lo contaría a nadie.
  —Oye, Todd—rompió el silencio finalmente—.
  —Dime.
Había llegado el momento, por fin se quitaría ese peso de encima. No le gustaba tener que ocultarle algo así a la persona en la que confía, seguro que Todd se lo tomaría bien, ¿pero y si no lo entiende? ¿Y si se asusta y me deja? En la cabeza de Arteria comenzaron a rondar todas estas preguntas.
  —Pues... verás...
Conforme ésta conversación estaba teniendo lugar, desde el inicio de las gradas una persona entre la multitud avanzaba a paso rápido hacia la pareja, haciendo que Todd interrumpiera a Ivy y de un respingo se levantase. Tenía el pelo largo y castaño, vestía una camisa y era bastante atractivo, aunque traía cara de mala hostia.
 —¡¿Á-Águila?! ¿Qué haces aquí?
 —Teníamos un trato, tío. Te estuve esperando la otra noche y no viniste. Me prometiste que harías ese trabajo conmigo.
  —Y una porra, tío. Esas movidas en las que te metes no me gustan nada, no quiero saber nada de eso. Ivy, ¿te importaría irte un momento? Me gustaría hablar con Águila en privado. Perdóname.
  —No te ralles, Todd.
Ivy se levantó y se fue por el mismo lugar por el que Águila vino. El tema del que estaban hablando le daba algo de curiosidad. "¿Hablarían de algo ilegal? Espero que no, porque como los pille mi madre me va a obligar a detenerlos como Arteria. Al final no le conté eso a Todd... bueno, otro día será."
Ivy estuvo buscando a sus amigos por el embarcadero hasta que finalmente se le apareció Scott.
  —¿Has visto a tu ex?—dijo Scott—.
  —¿Eh? No, hace días que no hablo con ella.
  —Fua, es que quería probar a ver si conseguía ligármela, jeje.
  —Lo que tú digas. ¿Dónde está Sonia? No me lo digas, ya la busco yo.
Desde este momento todo siguió normal como un viernes cualquiera.


El fin de semana se pasó en un soplo y ya había llegado el lunes. El Instituto de Educación Secundaria de Industrial City abría sus puertas de nuevo, a las ocho de la mañana. A primera hora Ivy se dirigía a la clase de la profesora Rosemary, en la clase del final del pasillo. Estaba muerta de sueño y no estaba atenta a lo que sucedía a su alrededor, aunque sí que notaba que había mucho murmullo a su alrededor acerca de algo. En su estado no le interesaba mucho los temas y rumores del día, así que pasó. Ya llegando su destino, sorprendida vio que en la puerta de la clase se encontraba Sonia hablando con Michael Sinsky. Pensó "Oh, no, tío. Qué hace Sonia hablando con ese tonto. Cómo odio a Michael. Es tan pesado con sus tonterías. Es un friki. Me cae fatal. Cómo lo odio. Ahora tendré que soportarle mientras habla con Sonia de... chorradas, seguramente. Bueno, yo llegaré saludaré y mantendré mi boca cerrada. Así no molestaré y no tendré que discutir el nivel de idiotez que tiene la gente en la cabeza. Boca cerrada. Relación sana."
—Hola, Sonia. ¿Qué haces hablando con el parguela de Michael?
—Hola, Ivy. Me alegro de verte—dijo Michael después de soltar una carcajada—.
—Hola, señora. Michael me estaba enseñando unas fotos. Al parecer anoche hubo unos extraños temblores en el pueblo, como unos zumbidos. Y esta mañana se han dado muchos casos de electrodomésticos y aparatos electrónicos desaparecidos. Michael tiene la teoría de que pueden ser ser extraterrestres.
—¿Qué?
—Sí, y además tengo pruebas, mira. Anoche hice esta foto en mi jardín, ¿ves?

—Pff, mi frigorífico tiene mejor calidad de imagen.
Sonó el timbre y todos comenzaron a entrar en clase. Ivy se sentó atrás del todo, cruzó los brazos, apoyó la cabeza en ellos y comenzó a dormir; aunque el sueño le duró poco pues la profesora Rosemary había llegado ya a clase y le despertó de una voz. Sería un largo día de luchar por que no se cierren los ojos. En el último cuarto de hora de clase, la profesora comenzó a repartir los últimos exámenes corregidos. Ivy no recordaba ni qué examen era ni cuándo lo hicieron, por eso no se decepcionó tanto cuando vio que su nota era un 2,5. No le dio mucha importancia... hasta que recordó lo que le esperaba en casa si su madre llegase a enterarse de la nota.
La tarde de un lunes es un buen momento para hacer cosas productivas, como estar tumbada en la cama tocando la guitarra. Ivy llevaba un rato intentando afinarla con desastrosos resultados; mientras, su novio Todd Ramirez estaba usando su ordenador para terminar un trabajo de clase.
—¿Cómo se ponían las tildes?
—Yo que sé—tocó un re mayor—.
—Estos trabajos son una mierda. Cómo voy a escribir quinientas palabras acerca de la arquitectura de civilizaciones antiguas. Si fuese de la de ahora... por lo menos llegaría a las veinte. Oye, tú. Acabo de recordar que el viernes querías decirme algo importante, ¿qué era?
—¡Ah, sí! Esto... te quería decir que... ¿tienes planes para la Semana de Dioses?
—¿La Semana de Dioses? Ah, pues... Simón creo que hará una fiesta, pero todavía no me ha contado nada porque quedan meses para eso.
—Ya, es que me gusta planear las cosas con tiempo, jeje.
Llegaron las nueve de la noche, hace unas horas desde que anocheció, Todd se marchó ya a su casa.
La cena ya estaba lista, así que Ivy se sentó a comer. Unos minutos más tarde apareció su padre, Eduard Pryce. Era un hombre alto, bastante musculoso, no tenía ni un solo pelo en la cabeza, pero sí un tatuaje que le cubría casi toda ella; se dedicaba al diseño de moda, hace poco fue contratado por una gran empresa para diseñar unos uniformes de trabajo. De hecho fue él el que diseñó el traje de Arteria. Eduard acababa de preparar la cena, es la primera vez que se le veia en todo el día, pues se llevaba horas en su estudio trabajando. Casi a la vez apareció la Sra. Pryce, Jennifer Pryce. También era una persona bastante alta, tenía el pelo negro y corto, vestía siempre de manera formal; era una persona bastante seria y estricta, algo que Ivy sabe muy bien; trabajaba en el Departamento de Policía de Industrial City, desde que descubrió que su hija tenía superpoderes, y por culpa de un pequeño incidente, Jennifer decidió que Ivy debería usar sus poderes para ayudar a la policía a combatir el crimen, incluso si ella no quería hacerlo. La familia empezó a comer en silencio. La tele estaba apagada, nadie de los presentes la veía, así que llevaba años así. Eduard y Jennifer comenzaron a hablar de sus cosas, "cosas de mayores" pensaba Ivy, de modo que no echaba mucha cuenta, además si no se metía mucho en la conversación quizás así no le pregunten por sus notas. Pero Jennifer dirigió su mirada a ella y entonces comenzó.
—Oye, qué tal el examen. ¿Te han dado ya las notas?
—¡Por supuesto! ¡La tercera nota más alta de la clase!—si dice "tercera" suena más creible—.
—¡¿Otra vez has suspendido!? Ivy Pryce, me prometiste que para este examen estudiarías, ¡y no has hecho más que perder el tiempo! Así voy a tener que volver a castigarte.
—¿Castigarme? Los padres normales castigan a sus hijos sin cenar, sin ver la tele... ¡tú me obligas a vestirme de forma ridícula y hacer el paria por ahí!
—No es hacer el paria, estás ayudando a salvar vidas. Además, ya que con tus estudios no haces nada, al menos así haces algo productivo en tu día a día, ofreciendo un servicio a la comunidad.
  —¡Pero es que yo no quiero hacer ese servicio! Además, el traje que me diseñó papá es feo y cutre. Los pelos de la peluca esa rubia se me meten en la boca. Y el traje es por qué, ¿porque soy una chica? Yo no saldría vestida de rosa chillón por ahí.
  —Esa es la intención, que nadie ni si quiera sospeche que tú puedas ser Arteria. Demasiado que te dejamos elegir el nombre—contestó su padre—.
  —Pues si no quieres hacer ese servicio, aprueba los exámenes, ¡y no hagas gamberradas, que te crees que no me entero yo de que te metes con tus compañeros de clase! Si esta noche me llaman para el caso de los zumbidos, te vienes conmigo.
  —Me han dicho que son extraterrest—el teléfono comenzó a sonar—.
Jennifer se levantó de la mesa para cogerlo. De su conversación no se pudo intuir nada, ya que ella sólo contestaba "sí" y un "allí estaré" al final. Cuando terminó volvió a la mesa.
  —Era el jefe, me esperan en el bosque.
  —¡Perfecto!—exclamó Ivy—.
  —Yo voy a ir saliendo ya, vete poniendo el traje y recuerda en el trabajo no nos conocemos.
  —Si, jefa...—dijo resoplando—
Sin terminar su cena, la Comisaria Jennifer se levantó de la mesa y se dirigió al coche, que estaba aparcado fuera. El lugar no estaba muy lejos de casa, era un pequeño bosque cerca de la montaña de Industrial City. No se podía entrar ahí en coche, así que lo aparcó al lado de una valla que separaba el bosque de la calle, anduvo unos minutos a través hasta que llegó a la zona dónde estaban sus compañeros. Había un grupo de policías investigando la zona, todos con linternas buscando alguna pista.Jennifer vio que allí también estaba Rodriguez, el jefe de investigación, supervisándolo todo, se dirigió a él y le saludó.
  —¿Qué es lo que ha sucedido exactamente?—preguntó Jennifer—.
  —Buenas noches, no esperaba verte aquí tan pronto, Jennifer. Verás hace una hora más o menos recibimos reportes de los vecinos quejándose de los zumbidos, algunos decían que había extrañas luces que provenían de esta zona, así que estamos aquí a ver si vemos algo.
—Paseaba por aquí y escuché ruidos raros, así que decidí pasarme.
—Rodriguez sonrió—. Me alegra tu interés. De momento sólo estamos investigando la zona con delicadeza.
  —¡Oh, vaya!—exclamó Arteria—. ¡Delicadeza, justo mis poderes son destructivos y poco delicados, así que me iré porque aquí no creo que haga nad...!
  —¡Peeeero, quizá pueda ayudar en algo!—ríe nerviosa—.
Pasaron los minutos, a Arteria le dolían los pies de dar vueltas una y otra vez por los mismos lugares del bosque. Al final se sentó en un tronco a descansar. Observó de mientras como trabajaban los policías. El bosque estaba muy silencioso, y hacía frío. No se escuchaba ningún tipo de animal, hasta que de pronto una manada de pájaros salió de los árboles y detrás de ellos una luz cegadora que iba cubriendo el bosque poco a poco. La gente comenzó a gritar, porque ninguno se podía mover.
—¿¡Qué está pasando!?—gritó Ivy—.
















   


domingo, 17 de abril de 2016

La inteligente Sra. H.A.T. (4)

Es domingo, cuatro de la tarde. Apenas había nadie en la calle a esa hora. Rocket City es una ciudad muy grande, la más grande del planeta. En uno de sus barrios, más concretamente en Las Viñas, había un gimnasio bastante famoso por lo bien que trataban a sus clientes, aunque tenía una dueña bastante peculiar. A esta hora siendo domingo el gimnasio está cerrado, pero aún así había tres personas dentro: Cindy, su amiga Becky; dueña del gimnasio y su hijo Matt.
— Vamos, Cin. ¿Así crees que conseguirás tirar a alguien al suelo?
— Pego lo mejor que puedo, déjame.
Becky estaba entrenando a Cindy en el ring de boxeo para que aprendiera a pelear, cosa que no sería fácil ya que Cindy no es muy hábil físicamente. Ella es más de laboratorios. Mientras ellas luchaban, Matt jugaba con su videoconsola sentado en una silla al lado del ring, mirando de vez en cuando lo que hacían su madre y su amiga.
— ¡Vamos, tienes que pegar con fuerza! ¡Así!—le lanza un puñetazo a Cindy y ésta lo esquiva—.
— ¡Eh, no te pases! Ese iba fuerte.
— ¡Deja de quejarte, a ver si vas a ser igual de inútil que tu marido!
— No sé qué manía le tienes a mi marido, siempre estás criticándolo.
— No sólo a él, todos los hombres me parecen iguales.
— Científicamente eso es imposible. Además, ¿de qué hablas, si tú tienes novio?
— ¡Él es único! ¡Venga, céntrate en pelear!

"¡Qué graciosa!"

jueves, 13 de agosto de 2015

Acero asesino


Los callejones de Rocket City son lugares oscuros y misteriosos. Puedes encontrarte de todo ahí, como vagabundos, superhéroes, vagabundos superhéroes... o un tío vestido de rana vendiendo droga.


domingo, 5 de julio de 2015

Zombriz, el muerto viviente (Parte 3)

Despierto en un lugar desconocido. Está oscuro y no conseguía ver nada, supongo que es de noche. Lo último que recuerdo es que un coche estaba a punto de atropellarme y antes de que me alcanzara perdí el conocimiento. Y ahora estoy en este sitio.


martes, 30 de junio de 2015

Poor man (5)

La luz del Sol que me daba en la cara acabó despertándome. Intenté levantarme pero cada movimiento que hacía aumentaba mi dolor en varias zonas de mi cuerpo de forma intensa. Observé a mi alrededor. Este sitio no me suena, ¿estoy en una chabola?


De pronto me pareció escuchar pasos en el exterior. Alguien se acercaba, cada vez se escuchaba más cerca. Una sombra tapó la pared, entró rápidamente.





— ¡Eh, por fin despiertas! ¿Cómo estás?—El hombre me hablaba con toda la confianza del mundo—.
— Pues... me duele todo el cuerpo. ¿Cuánto tiempo llevo aquí?
— Pff, desde anoche. Te dejaron muy malherido.
¡Es verdad! Recuerdo que BlackSweater me dio un golpe muy fuerte que me dejó en el suelo... ¡Un momento, mi traje! Miré mi cuerpo y me toqué la cara para comprobar si lo tenía puesto, pero no. Me puse nervioso y empecé a buscarlo con la mirada por todos los rincones de la chabola. El señor que estaba conmigo se rió.
— Jaja, tranquilo. Tu traje lo estoy lavando en el río, no te preocupes, supongo que no querrás que le diga esto a nadie. Eres un superhéroe de esos que salen por la tele, ¿no? Aunque bueno, tu estás más sucio y pareces un tío de la calle como yo, ¿quién eres?
— Soy Poor man. Vivo en la calle porque soy pobre, lo perdí todo hace unos años y hace poco decidí ayudar a la gente con sus problemas y hacer de esta ciudad un lugar mejor.
— JAJAJAJA, pero si tú necesitas más ayuda que nadie, tío. Estás loco, ¿sabes que ya apenas quedan superhéroes? se podrían contar con los dedos de una mano, los están matando a todos, tío, pero me gusta cómo hablas... ¿has leído lo que ha pasado hace unos días?—dijo mirando al periódico—.
Me quedé intrigado por haber sacado ese tema. Le dije que me lo diese. La noticia estaba en todas las páginas. ¡¡HAN MATADO AL ALCALDE!! Y no sólo eso, se lo han comido. Al parecer, dos personas entraron en su despacho y lo mataron en el momento. La policía desconoce los motivos de por qué hicieron eso.
— Dios... el alcalde ha muerto...—me quedé sin palabras—.
— El alcalde ha palmao. Por cierto, soy El Pesao, me llaman así, encantado.—"El pesao" siguió hablando pero yo no le escuchaba, solo podía pensar en lo que había leído. La ciudad está cada vez peor, dos personas han podido matar al alcalde de la ciudad sin muchas complicaciones, y encima después de esto habrá un caos en toda la ciudad. La delincuencia aumentará... ¿en qué demonios me he metido? No puedo hacer nada ante todo esto... bueno, podría intentarlo, pero no será nada fácil, tendré que entrenarme mucho.
— ¿Tienes hambre? Toma, robé esta bolsa de patatas fritas de un kiosko—se sacó la bolsa de un bolsillo de la chaqueta y me la dio—.
— Gracias, lo necesitaba. Me la comeré por el camino, me voy.
— ¿Te vas? ¿Después de la paliza de ayer quieres seguir por ahí dando palos a la gente con esa tubería? Ni siquiera estás curado de tus heridas.
— Esta ciudad tampoco está sanada de sus heridas, y tengo que ayudarla.
— Qué poético... bueno, si te vas a ir, toma esto, creo que te hará más falta que a mí. Por si las cosas se ponen feas...—me dio una navaja, me la guardé en el bolsillo—.
Cogí mi traje y me lo puse, el paquete de patatas no era mucho pero al menos me quitó algo de hambre y me dio algo de fuerzas para salir por ahí.
Poor man está listo. Cagoenlaputa.
Estuve dando paseos por las calles durante un buen rato para ver si veía algo de lo que ocuparme. Era de día y la gente me miraba raro, pero no me importaba. Me encontré con una cartera tirada en el suelo, tenía dinero dentro y datos personales del dueño, en los que se encontraba su dirección y su nombre. Decidí ir a su casa a devolvérsela. No soy un superhéroe multimillonario de esos que se ven en las películas o en la tele, así que tuve que ir hasta la casa del dueño por mis propios medios... en autobús.




En el autobús la gente seguía mirándome raro. De hecho la señora que estaba al lado de mí se cambió de sitio. Creo que es porque huelo mal, aunque no sé a qué se esperaba que oliese si vivo en el sitio donde seguramente ella eche sus desperdicios.
El viaje estuvo tranquilo hasta que el autobús frenó de repente. Por la ventana podía ver en el exterior gente corriendo y gritando. El conductor abrió las puertas para que todos saliéramos. Salí del autobús para ver qué ocurría. Justo arriba de mí, a mi derecha, había una ventana de un edificio echando un montón de humo, como si hubiera un incendio o algo.
La gente estaba exhausta, todos miraban aquel edificio con temor. Nadie sabía qué había pasado exactamente, y la policía aún no había llegado. Me apresuré hacia el edificio, la gente salía de él a toda prisa, supongo que eran los que vivían en él. Le pregunté a una de las últimas personas que salió, era una mujer algo mayor.
— ¿Qué ha pasado?
— ¿Quién es usted?—preguntó algo desconfiada, seguramente por mis pintas—.
— Eso no importa ahora. Responda a mi pregunta.
— Eh... esto... pues... ha habido una explosión o algo así.
Agradecí a esa señora su ayuda y entré al edificio. Parece que ya estaba toda la gente fuera. No parecía haber nadie más atrapado allí por la explosión, quizás no haya sido tan fuerte. Conforme subía notaba más mi nerviosismo por lo que estaba pasando y me preguntaba sí lo poco que había comido me daría fuerzas para lo que me espera, aunque obviamente no. Escuché ruidos dentro de una casa del tercer piso. La puerta parecía estar abierta, por lo que me acerqué lentamente hacia ella sin hacer ningún ruido.






Lo dejé tirado en el suelo, pero fui un idiota. Cuando me quise dar cuenta, al otro lado de la puerta había otro tío con una pistola apuntándome a la cabeza, y junto a él, otros dos tíos más, con cuchillos.
— ¿Quién te has creído que eres, colega? ¿Te crees que vas a venir a joder lo que estamos haciendo tan fácilmente? Vamos, tira esa tubería—dijo el tipo que me apuntaba—.
Preferí quedarme callado y hacerle caso de momento. En la habitación tenían a un rehén arrinconado, no sé para qué lo quieren, tendré que averiguarlo. Uno de los que iba con cuchillo habló.
— ¿Crees que será cosa de ella? ¿Nos habrá mandado a un tío a detenernos?
— No lo sé, ella suele trabajar sola, pero no sería de extrañar que lo haga por el simple hecho de jodernos. Tú, ven aquí.—me rodeó con un brazo y con el otro me apuntó a la cabeza con la pistola. Me llevó hasta el rehén así y le preguntó.
— Tú, llama a la punky esa, quiero hablar con ella.—el rehén le hizo caso porque si no lo hace sabe que no acabará muy bien, y con las manos temblorosas, cogió su móvil y llamó a quién se le ordenó—.
Sonaba comunicando, mientras esperaban a que alguien cogiera el móvil decidí hacer algo. Di un cabezazo hacia atrás, dándole en la cara al tipo que me apuntaba, en ese segundo le quité el brazo con la pistola de mi cabeza. Se le escapó un disparo hacia el techo. Ahora que no me apunta le meto un placaje lo tiro al suelo, acabando yo encima de él sujetándole el brazo con la pistola. El rehén saltó a por uno de los que tenía un cuchillo, eso no me lo esperaba. Entre tanta confusión le quité la pistola al tipo y la tiré por la ventana.
— Eres tonto, podrías haber usado la pistola a tu favor—dijo el tipo—.
— No soy capaz de matar a una persona, para qué te voy a mentir. Soy nuevo en esto.
— ¿Te crees un superhéroe? Yo que tú me retiraba, chav—le metí una patada en la boca para que se callara—.
El rehén dejó fuera de juego a los tipos con pistolas, no sé quién es, pero dudo que estos tíos lo hayan cogido al azar. Aprovecho para agarrar al de la pistola por el cuello y llevarlo hacia la ventana.
— ¿Qué estás haciendo?
— Voy a decir unas palabras a la gente de la calle.
Llegué a la ventana con el susodicho, daba a la calle, era bastante grande, se me veía el cuerpo casi entero desde fuera. En la calle había mucha gente mirando al edificio, esperando a que algo pasase, la mayoría serían vecinos, supongo. Los otros serán personas que pasaban por allí y se han quedado a mirar el edificio con humo, parece que también estaba la prensa. Me asomé por la ventana, poco a poco todos se dieron cuenta de que estaba ahí, y comenzaron a mirarme. Es hora de que el mundo me conociese.


miércoles, 11 de febrero de 2015

La inteligente Sra. H.A.T (3)

5 de Noviembre, 21:50 

Las pisadas se hundían en el barro que la lluvia había dejado cuando la Sra. Eyston se dirigía a los Laboratios ESV. Dio la vuelta al edificio para entrar por la puerta trasera. La puerta necesitaba una contraseña para poderla abrir, aunque esto no fue una sorpresa para ella. Inmediatamente contactó con su marido.
— Oye, dime la contraseña de la puerta trasera.
El señor Eyston comenzó a buscar por el coche unos segundos hasta finalmente coger una libreta que estaba por ahí tirada. Abrió una página y empezó a buscar.
— 0629.
Cindy tecleó los números que dijo su marido. Una luz verde se encendió sobre la puerta, lo que significaba que estaba abierta.
Cindy abrió la puerta y observó un largo y oscuro pasillo que no se veía a dónde llegaba.
—Voy a entrar— Dijo tras unos segundos mirándolo y sin ningún miedo—.
— Está bien. Ten cuidado.
 Con la luz del H.A.T encendida, Cindy se adentró por los pasillos de ESV. El ambiente era silencioso y oscuro. Se escuchaba el típico sonido de gotas cayendo, a saber dónde. Aquello era un laberinto, suerte que Cindy ya había estado trabajando allí y más o menos se orientaba. Activó la visión nocturna del H.A.T para ver mejor.

Intentó conectar el manos libres para hablar con su marido.
— Cariño, ¿me oyes?
— Sí, te oigo bien.
— Perfecto. Voy a coger los informes y archivos de la sala de enfrente mía, ¿crees que con eso será suficiente?
— Necesitamos pruebas, así que sí, creo que eso servirá.
Cindy entró en la habitación y cogió todo lo que vio: documentos, archivos, informes... se lo metió en los bolsillos y salió de ahí, pero...
— ¿Hm?— La cara de Cindy cambió completamente. No podía estar más confusa y preocupada por lo que acababa de ver—.
—¿Pasa algo?— El marido preguntó preocupado.
— No, nada. Sólo que...
...estoy viendo unas huellas que no son mías.
— ¿Eh? ¿Cómo que unas huellas?
— Las estoy viendo con el detector de calor. Antes de entrar a la habitación no estaban aquí. Es extraño. Son huellas de pies, no de zapatos.
— Cindy, me estás asustando. Ven ya, por favor, podría ser peligroso que estés ahí más tiempo.
— Espera, tal vez sea una de esas personas con las que hacen experimentos en algún lugar de estos laboratorios, si se ha escapado podríamos llevárnoslo y salvarle. Además, sería una prueba irrefutable de lo que hacen aquí.


— Mierda, está detrás de mí.
Se giró y contempló a un tipo alto que le miraba fijamente. No podía distinguir nada más que su silueta y esos ojos amarillos mirándole. No se veía amistoso. Cindy salió de allí corriendo, por los pasillos, hasta encontrar la salida y llegar al coche con su marido. No sabía si le había seguido o si iba a hacerle daño, pero de todas formas estaba a salvo y había cumplido con su misión: conseguir pruebas.


sábado, 3 de enero de 2015

Titán de luna

Una noche cualquiera, en una guarida genérica en las alcantarillas, dos personas negociaban algo muy importante. Personas malvadas, sí.
Persona malvada 1: ¿Te parece bien 100.000 pavos?
Persona malvada 2: No es suficiente, necesito más.
Persona malvada 1: Joder, tío. Si luego te voy a dar a Rana-Man, yo solo lo necesito un momento para un experimento. Qué más quieres.
Persona malvada 2: Rana-Man no forma una parte importante de mi vida. Mi único deseo con él es verle sufrir.
Persona malvada 1: Venga, si me lo traes, te daré el doble de lo que te he dicho y verás a Rana-Man sufrir.
Persona malvada 2: Eso ya me parece más correcto.
Persona malvada 1: Pues venga, rapidito.

 Una vez más, amanecía en Rocket City, también llamada "la ciudad de las calles verticales".
Los pájaros cantaban, la gente seguía con su vida, el sol brillaba en el cielo...
Alguien llamaba a la puerta de Scott insistentemente. Esto lo despertó. De mal humor, obviamente.