domingo, 17 de abril de 2016

La inteligente Sra. H.A.T. (4)

Es domingo, cuatro de la tarde. Apenas había nadie en la calle a esa hora. Rocket City es una ciudad muy grande, la más grande del planeta. En uno de sus barrios, más concretamente en Las Viñas, había un gimnasio bastante famoso por lo bien que trataban a sus clientes, aunque tenía una dueña bastante peculiar. A esta hora siendo domingo el gimnasio está cerrado, pero aún así había tres personas dentro: Cindy, su amiga Becky; dueña del gimnasio y su hijo Matt.
— Vamos, Cin. ¿Así crees que conseguirás tirar a alguien al suelo?
— Pego lo mejor que puedo, déjame.
Becky estaba entrenando a Cindy en el ring de boxeo para que aprendiera a pelear, cosa que no sería fácil ya que Cindy no es muy hábil físicamente. Ella es más de laboratorios. Mientras ellas luchaban, Matt jugaba con su videoconsola sentado en una silla al lado del ring, mirando de vez en cuando lo que hacían su madre y su amiga.
— ¡Vamos, tienes que pegar con fuerza! ¡Así!—le lanza un puñetazo a Cindy y ésta lo esquiva—.
— ¡Eh, no te pases! Ese iba fuerte.
— ¡Deja de quejarte, a ver si vas a ser igual de inútil que tu marido!
— No sé qué manía le tienes a mi marido, siempre estás criticándolo.
— No sólo a él, todos los hombres me parecen iguales.
— Científicamente eso es imposible. Además, ¿de qué hablas, si tú tienes novio?
— ¡Él es único! ¡Venga, céntrate en pelear!

"¡Qué graciosa!"


Los párpados de Charles Eyston se cerraban del aburrimiento. Llevaba horas mirando programas que odia en la tele. Su hija Ana, de 5 años, se había dormido en el sofá y su hijo Samuel de 10 años estaba en el sillón escribiendo algo en una libreta; llevaba así horas. De pronto la puerta sonó. Charles se levantó con ilusión ya que eso era lo más interesante que le había pasado en todo el día. Abrió la puerta y se encontró con su esposa Cindy. No puso muy buena cara al ver que estaba también su amiga Becky.
— ¡Qué pasa, Charly! Cada vez estás más delgado—entran Cindy y ella en la casa— ¡Ey, si están aquí tus niños! ¿Cómo estáis, guapos?—los niños ponen la misma cara que Charles.
— Ho-hola, Becky. ¿Ya habéis terminado de entrenar, Cindy?—preguntó Charlie.
Cindy iba a hablar pero Becky le interrumpe
—Pues claro, tu mujer está mejorando mucho con su entrenamiento. Más te vale hacerle caso en casa si no quieres una paliza, ¡jajajajaja!
— Sí, ja, ja... oye, Cin, ¿podemos hablar un momento en el cuarto?
— Claro.
Ambos se van a su habitación, Becky se sienta en el sofá con los niños e intenta hablar con ellos mientras ve la tele. Charles y Cindy se sientan en la cama.
— ¿Para qué es el entrenamiento?
— El H.A.T. me da muchas ventajas, pero si no tengo fuerza ni sé pelear esas ventajas no me sirven de mucho.
— ¿Vas a seguir usándolo? Ya tenemos las pruebas para culpar a ESV por experimentar con seres humanos. ¿No conseguimos ya lo que queríamos?
— Sí... pero siento que eso no es suficiente. Conseguiremos acabar con ESV, pero esa compañía no es lo único que hace mal al mundo. Allá fuera hay gente mala de verdad, corporaciones y empresas que poco a poco se cargan el mundo. Y siento que yo puedo hacer algo por arreglarlo; ambos somos científicos y podemos usar la ciencia, pero a diferencia de ellos, para el bien.
— Pero... puede ser peligroso.
— Lo sé.
Hubo un silencio incómodo hasta que Charles volvió a hablar.
— Bueno, si esa es tu decisión... yo no puedo obligarte a nada. Sólo déjame ayudarte. Haremos esto juntos.
— Claro—sonríe y le da un abrazo—. Ahora volvamos a el salón.
— Uff, no sé, se está muy bien en este cuarto.
— ¿Porque no está Becky, verdad?—ríe.

La noche ha llegado a Rocket City. A las afueras de la ciudad se encuentra otro edificio de ESV. En este también experimentan con personas, pero en menor medida. Se usa más para hacer pruebas con sustancias químicas entre otras cosas. Hay guardias de seguridad por todas partes, pero misteriosamente la alarma empieza a sonar. Aparece uno por uno de los pasillos gritando:
— ¡Las celdas están abiertas! ¡Las celdas están abiertas!
Todos los guardias del edificio se dirigenn armados hacia las celdas. Un gran número personas que había encerradas allí salen corriendo para intentar escapar.
— ¡Maldita sea! ¿Quién las ha abierto?—pregunta uno enfurruñado—
— ¡No podemos hacer nada ya! ¡Ya sabéis cuales son las órdenes, que no quede ni uno!
Los guardias comienzan a disparar sin piedad a todos los prisioneros. Mientras, el jefe y dirigente de ese edificio, Stan Jackson, observa lo sucedido por los televisores de las cámaras de seguridad en su despacho. Está bastante preocupado ya que no sabe qué es lo que está ocurriendo. Permanece sentado en la silla cuando de repente oye un ruido detrás. No le da mucha importancia hasta que segundos después se da cuenta de que esos ruidos eran de pasos. Se gira y rápidamente y se levanta de la silla, al mismo tiempo que algo le sujeta del cuello con mucha más velocidad.




Stan responde como puede mientras lo asfixia.
— Pues... c-claro que me acuerdo... las cosas que te hice son difíciles de olvidar.
— Claro que se acuerda, ¡claro que se acuerda!—lo tira a la silla—pero usted no estaba solo, no. Tenía unos amiguitos. Amiguitos que le ayudaron a hacer toda clase de experimentos y torturas conmigo. ¡Ay, qué recuerdos! ¡Me lo pasé tan bien!
— ¿Qué es lo que quiere?
— Da un golpe a un cajón archivador—¡Que me diga dónde viven! Tengo algo pendiente con Cindy y Charles Eyston. Cosas de negocios, muehejejejeje.
— Si-si cree que le voy a revelar su lugar de residencia lo tiene...
— Hace unos días robaron unos archivos y documentos de unos laboratorios de ESV a las afueras de la ciudad—saca de su taparrabos un sobre, Stan pone cara asqueada—. En este sobre tengo escritos los nombres de las personas que robaron esos documentos. Deberían recuperarlos porque con eso en sus manos son pruebas suficientes para que todo el chiringuito de ESV se vaya al traste, ¿qué tal viviría usted en la cárcel? Seguro que lo pasaría mejor que yo, jajaja... si me dice dónde viven los Eyston, le daré el sobre. Vamos, Stan... usted es una persona muy egoísta, las voces que oigo todas las noches me lo cuentan todo, jiji. ¿Piensa protegerlos incluso si eso le perjudica?

Stan está en un verdadero aprieto; le temblaba el labio inferior y le sudan las manos por los nervios. Finalmente le dijo la dirección de Cindy.
—¡JAJAJAJAJA! ¡Al final has hablado, cacho cabrón!—le da una torta en la cara—¡Qué gracioso, está nervioso! Ya verás cuando se lo cuente a los demás, qué risas se echan con las cosas humanas. Aquí tiene el sobre—se lo tira a la mesa— Buena suerte Stan, al fin y al cabo tenemos el mismo objetivo— salta al conducto de ventilación y escapa por él—.
Stan observa cómo se va, hasta que dirige su mirada al sobre. Lo coge con cuidado y lo abre lentamente. Saca de él el papel y lo lee.
"Cindy Eyston"



Hace horas que los Eyston están acostados. Samuel y Ana están dormidos plácidamente cada uno en su cuarto, Cindy y Charles se acostaron algo más tarde, pero ya están dormidos en su cama matrimonial. De pronto, algo despierta a Cindy. Abre los ojos y mira a la oscuridad de su habitación, pero al no ver nada está a punto de echarse otra vez cuando suena un fuerte ruido de cristales rompiéndose en otra habitación.
— ¡Charles! ¿Has oído eso?
Sin esperar una respuesta de su marido se levanta rápidamente y corre por la casa para ver qué ha pasado; mira la habitación de Ana, de Samuel y todas las demás... pero no hay nadie. Charles finalmente consigue levantarse medio dormido y se dispone a salir de la habitación. Cindy aparece repentinamente por el pasillo, nerviosa.
— ¡Los documentos, no están!—exclama.



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